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"No por ser muchos descubriréis la verdad, ni ahogaréis la razón porque gritéis unidos"

Rabindranath Tagore

miércoles, 11 de julio de 2012

El resurgir de los extremismos


Según parece, asistimos a un cierto resurgir de los partidos de ideología extremista. Bien mirado lo veo lógico, habida cuenta de la situación actual. Cuando todo va bien, las ideas políticas pasan a un segundo o incluso a un tercer plano. Tanto da quien gobierne, guste más o menos, el caso es tener las necesidades básicas cubiertas y acceder a aquellos placeres que sólo el capitalismo asegura, y aunque sean denostados con la boca pequeña, el común de los mortales no sólo no renuncia a ellos, sino que los convierte en objetivos prioritarios de sus vidas.



El sistema capitalista adormece los sentidos ofreciéndonos cosas: “gana y consume, no pienses”. Y en esa especie de limbo se instalan las sociedades. Nos enseñan que eso es libertad y nosotros lo damos por bueno, pues no nos cuestionamos nada: “Si el otro lo tiene, yo también lo quiero y más aún”. Pero sucede que este Edén artificial no puede durar para siempre, tiene fecha de caducidad y cuando todo el sistema se viene abajo, como ahora está sucediendo, nos damos de bruces con la cruda realidad. Es en ese despertar cuando el ser humano busca a qué asirse, necesita que le den soluciones (nunca las buscará por sí mismo, está programado para que piensen por él).

Y por eso se recurre a los viejos tópicos ideológicos, las posturas se radicalizan y se buscan culpables (siempre se piensa en términos de problema, no de solución). En vez de buscar alternativas y soluciones de forma conjunta, se opta por elegir la cabeza de turco a quien se endilgará el origen del problema. Y allí están agazapados los pensamientos extremos, nunca desaparecen, solamente hibernan esperando que se den las condiciones favorables para volver a salir a la superficie, algo que no resulta difícil puesto que el terreno queda abonado previamente por la infinita estupidez humana con sus prejuicios y su inmadurez.

En prácticamente todos los países occidentales se alterna en el gobierno el binomio conservador – progresista, con los matices propios de la idiosincrasia nacional particular, ambos basados en el capitalismo como estructura sustentadora de la economía. Una vez que se ha demostrado que ni un partido ni el otro son capaces de remediar el desastre que ellos mismos han favorecido, los ciudadanos buscan respuestas en otros lados y es ahí cuando los partidos de corte más radical, sea en un sentido o en otro, cobran protagonismo. A lo largo de la historia se han dado demasiados casos como para no prestar al menos un mínimo de atención a este fenómeno. Pero somos expertos en ignorar nuestro pasado y aprender de él.

Muchos analísticas políticos y económicos se llevan las manos a la cabeza escandalizados por el crecimiento de estos partidos, el caso más reciente lo podemos ver en Grecia, pero ninguno de ellos se ha parado a pensar en las causas que han motivado dicho crecimiento. Quizás sea por el hartazgo que produce lo ya conocido y que se está demostrando ineficaz, o puede que sea la desesperación de no ver la salida a esta situación que parece prolongarse indefinidamente. El caso es que muchas personas están polarizándose en ideas de corte radical, que suelen ser excluyentes y peligrosas, pero yo me pregunto ¿Por qué ninguno de estos autoproclamados expertos sabe dar una solución alternativa que sea real, no vana palabrería?

Ahora resulta muy fácil criticar el capitalismo, sistema del que en estos tiempos todo el mundo abomina, aunque haya vivido felizmente inmerso en él. Me produce repulsión, por ejemplo, ver como el actor de turno brama contra un capitalismo que él mismo sustenta y en el que parasita felizmente, mientras por película se embolsa varios millones de dólares, sin contar con los otros tantos millones que recibe por anunciar las cosas más inverosímiles, muchas veces productos de lujo privativos para las clases populares que dice defender (relojes de varios miles, por ejemplo).Esa hipocresía está tan arraigada en el mundo occidental que es aceptada por una multitud de seguidores babeantes que asentirán a cualquier cosa que diga su ídolo aún cuando se esté carcajeando delante de sus narices. Por supuesto esto es aplicable a muchos cantantes, determinados presentadores de televisión, algunos escritores… ¿A que conoces varios casos?

Igualmente repugnante es el discurso de los políticos que se muestran incapaces de dar una sola solución factible a la situación económica actual que no pase por subir impuestos o recortar sueldos y prestaciones a los ciudadanos, mientras que con una desvergüenza increíble, conservan sus privilegios, sueldazos, dietas, pensiones, etc. Y además, cuando abandonan sus cargos, o incluso la política activa, una vez que tienen el riñón bien forrado, no sólo se van sin rendir cuentas del desaguisado que suelen dejar, sino que muchos de ellos tienen la desfachatez de dar conferencias y escribir libros para explicarnos lo que hay que hacer para salir de la crisis, cobrando por ello un dineral. Y nosotros tragamos con todo.

Así es muy fácil que se prepare el caldo de cultivo para que los extremismos se fortalezcan. El desencanto, la falta de perspectivas, incluso la necesidad y la desesperación, hacen que muchas personas acaben aferrándose a las ideologías extremas como la última tabla de salvación. Cualquier cosa con tal de salir de este hoyo. Y, no nos engañemos, del mismo modo que hay extremismos radicales de derechas y de izquierdas, también hay un extremismo creciente de simpatizantes de partidos legalmente reconocidos y mayoritarios, no hay más que mirar a nuestro alrededor.

Un último apunte: Recordar lo que pasó con Hitler es estremecedor. Hitler no llegó al poder por medio de un golpe de estado, consiguió una mayoría en las urnas de forma totalmente legal y democrática, lo que pasó después es por todos conocido. Convendría no olvidar este hecho.

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